Hace un tiempo reflexionábamos sobre el rol de la radio comunitaria en la construcción del socialismo. Suena grandilocuente, pero en realidad lo que estábamos haciendo era un ejercicio de reflexión que hoy adquiere nuevas vicisitudes; gana la relevancia que advertíamos que esto tenía.

Se trata de pensar que experiencias de comunicación ciudadana, comunitaria, alternativa, cumplen un rol no solo en el ejercicio de derechos como la libertad de expresión y en luchar contra las injusticias de un sistema. Sino que nos ofrecen otro modelo de valores al imperante en nuestras sociedades capitalistas. Nos muestran que hay otra forma de relacionarnos.

No estoy atribuyendo a los medios comunitarios un poder de transformación salvador ni desconociendo sus falencias. Lo que digo es que esas experiencias -y otras en el campo de la cultura- nos muestran que existe una posibilidad cierta de atender a la comunidad por sobre el individuo. Que en tiempos en donde el capitalismo, exacerbado por la vía del neoliberalismo, nos propone el sálvese quien pueda, las formas de comunicación comunitaria nos dicen que no es posible la salvación individual. Vivimos en comunidad porque dependemos de la cooperación. Es nuestra principal herramienta de supervivencia.

Lo que parece una reflexión trasnochada y romántica -quizás lo sea- adquiere un anclaje muy concreto en la crisis sanitaria que está viviendo el planeta derivada de la propagación del coronavirus. Porque nos demuestra que un problema que tenga alguien, por más que se encuentre lejos, es un problema que me puede afectar a mi; y porque nos está diciendo a gritos que la única forma de salir de esta es con una visión colectiva: no hay forma de prevenir la propagación de una pandemia si no pensamos en el otro/a, si no actuamos como colectivo, si no ponemos la responsabilidad individual al servicio de un objetivo común.

Eso es lo que nos venían diciendo las experiencias de comunicación comunitaria: nos advertían sobre el daño que nos estaban haciendo los valores del individualismo, la meritocracia, la avaricia, el extractivismo, el desprecio por el diferente, y nos mostraban que los caminos nunca son individuales. Ni más ni menos. Esperamos que con esta crisis generalizada esto se comprenda, actuemos en consecuencia, y desterremos para siempre los sistemas políticos y culturales egoístas e irresponsables que exprimen todo a su paso en beneficio de unos pocos, que no entienden que sin el colectivo ellos también se hacen insignificantes.